Escudo Villacarrillo Vera CruzPiadosa y Real Archicofradía del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, Nuestra Señora del Rosario, Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora María Santísima del Amor

Sede: Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción
Página web: www.cristodelaveracruzvillacarrillo.com
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Antecedentes históricos

Tras la famosa victoria de las Navas de Tolosa, en 1212, atribuida con razón a milagro, puesto que el pastor Martín Alhaja, que guió a nuestras tropas para conseguir este honroso triunfo que tanto ensalza la Historia, no se supo más de él, por lo que fue unánime la creencia de considerarlo un ángel enviado del cielo para premiar con la más consonante victoria la fé acrisolada de los cristianos que siempre en lucha desigual combatían con los árabes para reconquistar la patria amada. El principio del Adelantamiento de Cazorla estuvo en esta batalla, y la piedad cristiana agradecida, multiplicó en numerosos templos la veneración de la Santa Cruz.

Esta veneración tomó más incremento por mandato del arzobispo de Toledo, don Rodrigo. Fernando III el Santo, monarca de feliz memoria en la historia de España, se propuso continuar la reconquista con la misma fé y tesón que sus antecesores. Vino a este Adelantamiento por octubre del año 1235 y conquistó a Iznatorafe y los castillos de la Torre Muño Pliego, ahora Villacarrillo, y la Moraleja de Iznatorafe, que es ahora Villanueva del Arzobispo, llamada así para distinguirla de la Moraleja de Montiel, ahora Villanueva de los Infantes. En 1240 ganó a Cazorla y La Iruela con la ayuda del valeroso arzobispo don Rodrigo, a quien el rey hizo merced del Adelantamiento. El mandato que este arzobispo realizara en Toledo lo hizo extensivo en los nuevos lugares de su mando, ordenando se erigiesen templos a la Santa Vera Cruz. Este fue el origen de las villas del Adelantamiento de Cazorla de las ermitas de la Vera Cruz que hay en todas, y una de ellas es el célebre santuario de Villacarrillo por su artística imagen, prodigiosos milagros obrados, la gran devoción que en toda esta comarca se siente hacia ella, sus votos religiosos, sus concursos célebres y sus ricos ofrecimientos.

Origen del Santo Cristo de la Vera Cruz

El origen de esta venerada imagen, según escritos de gran crédito que concuerdan con la tradición sucesivamente difundida por aquel tiempo, es que el año 1411 vino con el glorioso apóstol valenciano San Vicente Ferrer un sacerdote deudo suyo de gran virtud, quedándose a vivir en Baeza, dedicado a la pintura y escultura, artes que dominaba a la perfección, y le ayudaba en sus tareas un honorable mancebo llamado Bernabé, natural de Villacarrillo, que como antes hemos dicho entonces se llamaba Torre Muño Pliego. Este mancebo, deseoso del bien de su pueblo y a instancias de los vecinos, gestionó de su maestro tallara una imagen del Cristo Crucificado a su mancebo, púsola por obra, con tanto cuidado como se observa en su perfecta simetría, bien ejecutada anatomía y entendido dibujo, todo tan natural que es una verdadera historia de arte.

Su traslado a Villacarrillo

Recibida en Villacarrillo la noticia de estar acabada la imagen, los mancebos de Villacarrillo, alentados por el clero y a las órdenes de la ancianidad, el primer día de mayo, con militares galas, se trasladaron a Baeza y al día siguiente, después de haber oído una misa con gran devoción, se formó una correcta y devota procesión con la devota imagen, cantando con cordial regocijo la Doctrina Cristiana y pidiendo la lluvia de la que estaban extremadamente necesitados los campos.

Así salieron de Baeza, incorporándose a la religiosa comitiva muchos vecinos de Ubeda y Torre-Pero-Gil, y a pesar de lo largo del camino, bastantes eran los que iban descalzos, sobrándoles a todos el espíritu para continuarlo como demostraciones de penitencia, y pidiendo el remedio de la lluvia para lograr las cosechas que se consideraban perdidas por la pertinaz sequía.

Dios quiso manifestar su clemencia ante la petición fervorosa de tantísimos fieles, y empezó a entoldarse el cielo de nubes, con lo que se llenaron de esperanza y gratitud la inmensa muchedumbre que acompañaba a la imagen. Salieron a recibirla el clero y las demás gentes de la villa, llegando hasta a el mojón que separa su término del de Ubeda, distante una legua del pueblo. El entusiasmo religioso adquirió mayor incremento cuando se encontraron el sitio indicado, prosiguiendo el camino cantando la Letanía y Salmos.

Anochecióles a media legua de la villa a tiempo que empezó a caer una gran lluvia que enterneció grandemente a todos, llorando de regocijo al contemplar el inmenso beneficio que este agua reportaría. Previniendo la oscuridad de la noche, encendieron en el trayecto que faltaba grandes hogueras, y con general regocijo llegaron a la villa a las nueve de la noche, víspera de la invención de la cruz, entrando en medio del mayor entusiasmo con vivas estruendosos y lucientes luminarias como nunca se habían visto, y al llegar a la iglesia se cantó un solemne Te-Deum en acción de gracias por los inmensos beneficios que el Altísimo acababa de conceder a este pueblo venturoso.

Al día siguiente se celebró con el mismo entusiasmo la fiesta de la invención de la cruz, y una vez acabada regresaron los forasteros a sus pueblos altamente satisfechos, tanto por las buenas escenas presenciadas como por los agasajos recibidos.

Datos biográficos del autor

Bien pronto manifestó su infinita misericordia con los que la pedían por esta Santa Imagen suya, obrando innumerables milagros que la hicieron famosa por todos estos contornos. La tradición refiere una infinidad de estos milagros sin otra certeza de público instrumento por lo que los dejamos al olvido.

Crecía la fama de este santuario, al mismo tiempo que aumentaba el número de fieles que a él acudían, unos atraídos por la devoción y otros para pedir remedio a sus males. Entonces el escultor que no creía haber imaginado prenda tan maravillosa, se puso a labrar otra para su consuelo, que hoy resplandece con muchos milagros en una iglesia a media legua de Baeza, con el título de Santo Cristo de La Yedra.

Este virtuoso sacerdote, autor de las dos prodigiosas imágenes, no es conocido por su nombre, ya que su extraordinaria virtud lo llevaba a ocultarlo, puesto que nadie lo menciona, aunque sí se hace resaltar su extraordinaria virtud, refiriéndosede su vida el siguiente pasaje tomado del Maestro Puerta en la segunda parte de la historia de Jaén, publicada por Martín Jimena en sus anales, quienes a su vez lo deben al Maestro Villalba, transmitido del erudito don Pedro de Rojas, conde de Mora, con tan menudas circunstancias que bien muestran ser verdad cuanto de él se refiere. Dícese, pues, que este venturoso artífice tuvo su casa cerca del sitio donde después se labró la suntuosa capilla de San Francisco de Baeza.

Era sacerdote muy siervo de Dios. Se dedicaba a la pintura, teniendo su casa adornada con cuadros que representaban escenas de la Pasión de Jesucristo. Trató de tallar un Santo Cristo, habiéndolo hecho tan primoroso como el referido. Oraba con gran frecuencia y también curaba algunas enfermedades con particular gracia a algunas personas que a él acudían. Es fama que estando una noche en oración oyó una voz que dijo: «Dispón de tu alma que yo te daré el premio de tu fé y buena obra».

El buen sacerdote se preparó para morir; hizo su testamento, ordenando que el Santo Crucifijo lo entregasen a la cofradía de la Vera Cruz de San Francisco, por dejarlo en casa del título del primero, y que si algo le quisieren dar de limosna, se lo dijesen de misas.

Otra noche oyeron los vecinos una música suave que con acento melodioso cantaba: GLORIA PATRI ET FILIO ET SPIRITUY SANCTO. Un muchacho a su servicio salió a la calle turbado, diciendo que se quemaba la casa. Acudieron los vecinos y entre ellos uno llamado Juan de Santisteban, hallando al siervo de Dios difunto, de rodillas delante del Santo Crucifijo, las manos juntas y cruzados los dedos. Sintieron en el aposento y casa un olor muy diferente a los naturales. Su entierro se verificó con un concurso extraordinario de gente.

Breve estudio de la imagen del Cristo

Las dos milagrosas imágenes de este virtuoso artista son muy parecidas en la escultura y colorido, si bien la de Villacarrillo parece más perfecta. Esta imagen tiene la altura de un hombre de una buena proporción de algo más de dos varas. El desnudo primorosamente ejecutado, con demostración de algunos cardenales; las piernas algo hinchadas, las heridas frescas, la sangre natural, lo muerto al vivo, los ojos cerrados, las cejas tiradas, los labios abiertos, la barba partida, formando el conjunto de una obra maravillosa, que al contemplarla excita a la piedad y a penitencia, aprovechando grandemente el alma que por su intersección eleva sus creces al Altísimo. Aunque tiene cabello propio la escultura, que partido en crenchas cae por los hombros y espalda a lo nazareno, suelen ponerle cabello natural que le caracteriza notablemente en todo parecido a la descripción que de la persona de su original hizo Poncio Pilato y a las que nos refieren Santa Brígida en sus revelaciones y Nicéforo Calixto en sus obras. Todo lo debió de ver y considerar su artífice como hombre docto y santo.

(Texto e imágenes facilitados por la hermandad)