Antonio Soto Cartaya

En la presentación de la Peregrinación Nacional de la Confraternidad de Hermandades de Vera Cruz de 2016 (a celebrar en Cádiz), tuve la oportunidad de destacar el papel importante que desempeñó el recordado cofrade sevillano Antonio Soto Cartaya en la creación y consolidación de esta institución.

Es sabido que la idea de crear una federación de las cofradías de la Santa Vera Cruz tuvo su origen en 1948, cuando la reorganizada Hermandad de la Vera Cruz de Sevilla, celebraba el V Centenario de su fundación, con unos actos en los que participaron representantes de otras hermandades andaluzas de la misma advocación.

Ante la creciente vinculación, se creó la Confraternidad de las Hermandades y Cofradías de la Vera Cruz, que estableció su residencia canónica en la capilla del Dulce Nombre de Jesús, de Sevilla, sede de dicha cofradía. A partir de entonces, realizaron un notable esfuerzo de integración, buscando el contacto con las hermandades de Vera Cruz de toda España. Fruto de esas gestiones fue la convocatoria de dos asambleas y la elaboración de unos primeros estatutos en 1970.

Mirando hacia atrás, y vinculándolo también con mi pasado en el periodismo cofrade, creo que es de justicia recordar el gran papel que cumplió para darle la mayor importancia posible a esta Confraternidad, el gran cofrade Antonio Soto Cartaya, que fue hermano mayor de la Hermandad de la Vera Cruz de Sevilla de 1967 a 1973 y pregonero de la Semana Santa sevillana en 1978. En la década de los años 80, cuando yo trabajaba en ABC, recuerdo que recibí muchas llamadas suyas para que publicara actos de la Confraternidad, y nunca se me olvida el grandísimo cariño que ponía él, que era un hombre grande en todos los sentidos, en sus queridas hermandades de Vera Cruz de Andalucía, España y la Humanidad.

Se puede afirmar que en esos años (muy importantes para su consolidación y ampliación), la Confraternidad tenía su mejor valedor en Soto Cartaya. Consiguió aumentar notablemente las representaciones que salían cada Lunes Santo, acompañando a la cofradía en Sevilla. Pero sobre todo fue capaz de extender la devoción por toda España y dotarla de una gran solidez. No en vano se puede decir que la Vera Cruz, junto al Nazareno, es la advocación cristífera más presente en la Semana Santa española. En muchos casos con raíces históricas muy antiguas; pero en otros gracias al esfuerzo de expansión en las últimas décadas del siglo XX.

Antonio Soto Cartaya era un cofrade valiente, comprometido y consecuente. Un hombre de su tiempo, que vivió en su juventud los años de la posguerra y se dedicó a recuperar la histórica Vera Cruz sevillana, que había languidecido. No se quedó sólo en lo más tradicional de la Semana Santa, sino que siempre tuvo un sentido social muy intenso y una preocupación por la caridad que le llevó a darle prioridad con respecto a otros aspectos más formales o estéticos de las cofradías.

Fueron pioneros en organizar la Operación Carretilla para ayudar a las personas más necesitadas. Precisamente en su Pregón de la Semana Santa de Sevilla de 1978 destacó ese tono social y de ayuda a los hermanos. Antonio Soto Cartaya, en su intervención, se refirió al compromiso de las cofradías con la caridad.

También fue muy comentado un pasaje en el que pidió a los sacerdotes que entonces no veían con buenos ojos a las hermandades, e incluso eran hostiles a sus actividades, una mayor atención pastoral y una justa comprensión, desde la evidencia de que los cofrades forman parte de la Iglesia y necesitan su apoyo. 

Hombre grande en todos los sentidos, de altura de miras. Antonio Soto Cartaya fue un ejemplo para los cofrades de la Vera Cruz. Porque no se limitó a las palabras, sino que su testimonio como cristiano y como cofrade fue un ejemplo para todos. Ojalá, con el tiempo, haya muchos como él. 

Pero siempre quedará su obra, que no se limitó sólo a la Hermandad de la Vera Cruz de Sevilla, sino también a esa Confraternidad en la que tantas ilusiones puso, y a la que tanto ayudó a lo largo de su vida.

José Joaquín León
Periodista