Se conoce en la cristiandad como Lignum Crucis (del latín "Lignum", leño o madero, y "Crucis", de la Cruz) al leño de la Cruz en el que murió nuestro Señor Jesucristo, y, por extensión, a todo fragmento o astilla procedentes de la Verdadera Cruz de Cristo, hallada por Santa Elena, entre los años 325 a 327, en el Gólgota de Jerusalén.

Santa Elena, madre del Emperador Constantino, emprendió con ya casi ochenta años de edad un viaje a Jerusalén, buscando en la Ciudad Santa a la Santa Cruz sobre la que fue crucificado Nuestro Señor.

La referencia más antigua que documenta el hallazgo de la Verdadera Cruz se encuentra en la “Historia de la Iglesia”, de Rufino, escrita sobre el año 400, quien a su vez la toma de la “Historia eclesiástica”, escrita unos antes por Gelasio de Cesarea. Es muy conocida también la “leyenda áurea”, de Santiago de la Vorágine, escrita en el siglo XIII.

Santa Elena mandó destruir un templo pagano ubicado sobre el monte Calvario, y escavando bajo una cantera se encontraron tres cruces, los clavos y el titulus (el letrero con el “inri”). Santiago de la Vorágine atribuye a un milagro la identificación de cuál de las tres cruces era la verdadera, por la curación de una enferma. San Ambrosio de Milán (De obitu Theodosii, 45) y San Juan Crisóstomo (homilías sobre el evangelio de Juan, 85) afirman sencillamente que se encontró el titulus sobre una de las cruces. También parece razonable que, dado que la crucifixión de Cristo no estaba prevista (el evangelista San Juan narra que sólo Jesucristo fue clavado), la cruz era la que estaba precisamente taladrada. Cabe señalar que en la reliquia del Lignum Crucis de mayor tamaño que se conserva hoy día, la de Santo Toribio de Liébana, precisamente tiene el agujero de uno de los clavos.

Santa Elena mandó construir en el lugar del hallazgo la iglesia del Santo Sepulcro, que en el siglo VII sufrió graves daños al ser invadida Jerusalén por los persas, bajo el mando del rey Cosroes II, quienes se llevaron la reliquia de la Verdadera Cruz de Cristo, siendo recuperada años más tarde por el emperador Heraclio, conservándola en Constantinopla (Estambul) hasta su traslado de nuevo a Jerusalén.

Al llegar de nuevo la Santa Cruz a Jerusalén, el emperador Heraclio dispuso acompañarla en solemne procesión a través de la ciudad santa, y quiso el emperador cargarla vestido con todos los lujosos ornamentos reales. Pero al ponerse el madero en el hombro quedó paralizado. El Patriarca Zacarías, que iba a su lado, le indicó que todo aquel esplendor imperial iba en desacuerdo con el aspecto humilde y doloroso de Cristo cuando iba cargando la cruz por esas mismas calles de Jerusalén. Entonces el emperador se despojó de su atuendo imperial y, con simples vestiduras, avanzó sin dificultad seguido por todo el pueblo hasta dejar la Cruz en el sitio donde antes era venerada.

Para evitar nuevos robos, la Santa Cruz fue partida en varios pedazos. Uno fue llevado a Roma, otro a Constantinopla, otro se quedó en Jerusalén y otro se partió en pequeñas astillas para repartirlas por las iglesias del mundo entero, que llamaron Veracruz (verdadera cruz), siendo precisamente este el origen de muchas hermandades de la Vera Cruz en España.

Hoy día no se conservan todas las reliquias de la Vera Cruz encontrada por Santa Elena. La llevada a Constantinopla se perdió en una batalla en el siglo VIII e igual suerte tuvo en el año 1187 la parte que quedó en Jerusalén, cuando los cruzados la llevaron a una batalla.

Numerosas Hermandades y Cofradías de la Vera Cruz en España poseen reliquias de la Vera Cruz, autenticadas por documentos oficiales de la Iglesia y refrendadas por el lacre de las mismas bajo los relicarios que las contienen.

Ese el caso de la reliquia de la Vera Cruz que posee la Confraternidad, donada por D. Javier Fal-Conde Macías (q.e.p.d.), en los años sesenta del pasado siglo XX. Recibe culto en un relicario de plata con forma de cruz arbórea, cuya realización fue posible gracias a la generosidad de Dña. Remedios Duque García (q.e.p.d.), esposa que fuera de D. Cayetano Pantojo López.

Esta sagrada reliquia del Lignum Crucis se custodia en la Capilla del Dulce Nombre de Jesús de la ciudad de Sevilla, sede canónica de la Confraternidad, estando a disposición de aquellas Hermandades y Cofradías integradas en la Confraternidad que no posean otra reliquia del Santo Árbol de la Cruz.