Valladolid escudo vera cruzCofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz
Sede: Iglesia de la Santa Vera Cruz
Web: www.santaveracruz.es

La Cofradía de la Santa Vera Cruz de Valladolid nace en el seno del desaparecido Convento de San Francisco, a principios de siglo XV, siendo la más antigua de la provincia. Posee un Lignum Crucis procedente de Liébana, según la tradición, primer y principal objeto de veneración de los cofrades, que da nombre a la Cofradía.

La reliquia se aloja en un ostensorio de plata, bronce dorado y piedras preciosas anónimo, h. 1500-1550, pieza importante de la orfebrería vallisoletana del siglo XVII. Presenta forma de cruz con un basamento octogonal en cuyo interior se reproduce la escena de Adán y Eva junto al árbol del Paraíso.

La cofradía tiene 7 pasos procesionales (4 de ellos de Gregorio Fernández) que salen todos los días de la Semana Santa vallisoletana. La Iglesia y sus dependencias son propiedad de la Cofradía.

Historia: la cofradía penitencial más antigua

En el recinto conventual de la Orden Franciscana nace la Cofradía Penitencial de la Santa Vera Cruz. En su sala capitular reunidos en cabildo general, ordenan y aprueban los capítulos de la Santa Regla, y acto seguido en sus claustros se organizan los primeros cortejos procesionales con los hermanos de luz y disciplina, que pocos años más tarde habrán de desfilar por las viejas rúas.

De las cinco penitenciales de Valladolid, es sin ningún género de duda, la más antigua. De su existencia a principios del siglo XV, hay testimonios harto elocuentes de los numerosos litigios entre la Vera Cruz y las cofradías hermanas, motivados por la preferencia en las salidas de las procesiones. Una prueba más se encuentra en un "auto" de fecha 16 de marzo de 1498 del Regimiento (Ayuntamiento de Valladolid), conservado en el Archivo Municipal de la ciudad, en que se declara: "Que los cofrades de la Vera Cruz dieron una petición ante los señores Corregidor y Regidores, en que en efecto contenía que les ayudasen para facer el umilladero que sea de facer en la Puerta del Campo, donde está puesta la Cruz, porque a dicha cofradia e cofrades della hera razon dese facer segun la nobleza della". Sin pérdida de tiempo, el pequeño edificio se levanta de cal y canto, en los aledaños de la Puerta del Campo, con retablo, en cuya hornacina central presidía un Crucifijo, que en la actualidad recibe culto en la Iglesia penitencial, con el título del lugar del cual procedía.

La primera iglesia

En los últimos años del siglo XVI, adquiere tal importancia, que la capilla conventual resulta pequeña, "por el mucho concurso de gentes que de ordinario asisten" y para obviar tan grave inconveniente, los hermanos juntos y congregados en la sala donde tienen por uso y costumbre celebrar sus cabildos, acordaron por voto unánime, pedir al Ayuntamiento ciertos suelos, que tenía en el testero de la Costanilla, al final de las Platerías, donde habla de edificar la iglesia, hospital, y demás dependencias.

Los regidores una vez obtenida la correspondiente licencia real, venden a la cofradía en juro de heredad, "para agora e para siempre jamas", por precio de mil ducados de contado, más doscientos maravedíes de censos cada un año, "por el derecho de señorío de dichos suelos". Seguidamente, unida a la escritura de venta, va un pliego con ciertas condiciones que atañen al ornato del nuevo edificio. Como lugar de tan gran concurso, por la proximidad de los obradores de los maestros plateros, agrupación gremial, a buen seguro del mayor realce de la ciudad, exigen a la cofradía pongan el máximo celo en la hechura de su iglesia, que había de ser de muy buena fábrica, con retablo mayor y colaterales. En la portada se coloque una reja larga de hierro y en el arco una imagen de Nuestra Señora dorada, "de oro y azul". No olvidan de recordarles, que en la fiesta del Corpus Christi, y procesiones generales, como igualmente en los recibimientos y entrada de los Reyes, sean obligados de adornar todo el edificio, y colocar por la noche luminarias, cuyos gastos corrían a cargo de los fondos de la Cofradía. Iten más, las tiendas y portadas, abiertas en las calles de Rúa Oscura y Azoguejo, sin duda queriendo hacer cumplir una pragmática de los Reyes Católicos, les exigen que habrían de ser alquiladas a plateros o tiradores de oro, y "no otro oficio".

Aparece encargado de la obra Domingo de Azcutia, alarife, tan sólo lo tocante a carpintería, cubiertas de la capilla mayor, sacristía, escalera de acceso a la sala de cabildos, a toda costa de madera, yeso y clavazón, obligándose a darla terminada con la máxima perfección a vista de oficiales, por precio de cuatrocientos ducados, y en todo siguiendo los diseños hecho de mano y pluma de Pedro de Mazuecos arquitecto, "criado de su magestad maestro mayor de los archivos reales".

La escritura de concierto se otorga el 14 de diciembre de 1589. En ella figura como fiador su hermano Damián de Azcutia, escribano del número. Pocos años más tarde -7 octubre 1595-, los alcaldes de la cofradía solicitan de la autoridad eclesiástica licencia para tomar a censo trescientos ducados, a razón de catorce mil el millar, cantidad que había de ser empleada principalmente en saldar los gastos hechos con motivo de la portada. Habiendo fallecido Pedro de Mazuecos, encomiendan la empresa a Diego de Praves, arquitecto de las obras reales, como su antecesor, quien nombra de colaboradores a Lucas Ferrer y Juan de Nurabay, que llevan a cabo lo tocante a cantería y albañilería, y Juan del Barco, maestro rejero, que labra el balcón imperial, y las dos rejuelas laterales. De la obra primitiva sólo queda el pórtico, o gran fachada, versión simplificada de un hastial romano, hecho por un artista educado dentro de las normas del más puro clasicismo. No hay que olvidar, que Praves trabajó en las obras de nuestra Iglesia Mayor, donde se formó su idioma expresivo en trato y relación con el insigne arquitecto de "El Escorial". Quizá sea una de sus obras más destacadas la monumental fachada "caprichosa y bella con su orden compuesto que nos gusta paladear pensando en los buenos ejemplos de Italia". Ponz la incluye entre las obras de Herrera.

Seguidamente por escritura de capitulaciones otorgada el 22 de julio de 1596, Juan del Valle alarife se encarga de llevar a efecto todo lo referente a ladrillo y yesería.

Reforma total del Templo Penitencial

No había transcurrido un siglo, cuando de nuevo se plantea el mismo problema. En plena marcha ascendente, los viejos y maltrechos "pasos" fabricados de cartón y lienzo, de un extraordinario efecto escénico, se cambian por otros labrados con mayor primor en el taller de Gregorio Fernández. Era entonces el templo estuche pobre, para guardar tan valiosas joyas.

Edificio pequeño enbejecido
Y por su ancianidad medio desecho.
Era oratorio estrecho y no lucido
De aquel a quien le viene el orbe estrecho.

En el cabildo general celebrado el 3 de Agosto de 1665, acuerdan "para mayor lustre ornato y para más autoridad y luzimiento ...el alagar la fabrica de la yglesia que al presente tiene y hazer una capilla donde pueda estar con decencia y capacidad el santísimo xpto y aviendo reconocido la estrechura que oy tiene para armar y tener los pasos en la semana santa, porque no caben en el cuerpo principal de la dicha yglesia, con que al sacarlos y bolberlos se hazen pedazos las figuras que son de tanta estimación, ni caven los hermanos del trabaxo para poderlos levantar y asentar... y tambien la falta de sacristía porque no tiene sino un aposento muy pequeño que apenas ay capacidad para poderse vestir los sacerdotes... por lo cual la dicha Cofradía tiene necesidad de tomar seis aposentos de largo a alto, abaxo de las casas propias de Don Juan de Neira, questan en la calle de Guadamacileros a espaldas de la dicha yglesia". Encargan de llevar a feliz término tan importante obra, a Francisco de la Torre y Lucas López, maestros de cantería, que siguiendo los diseños de Juan Tejedor, levantan la capilla Mayor, crucero, "y todo lo demás que se hiciere y añadiere, excecto el frontispicio y portico que oy tiene dicha iglesia".

El templo es de planta rectangular, con tres naves, la central mayor cubierta con bóveda fajada de lunetos; sobre las laterales techadas con bóvedas de arista, llevan a manera de triforio, un balcón corrido. Gran cúpula con capulino, en el crucero, en cuyas pechinas, ostentan hechos a pincel, el augusto signo titular, sostenido por parejas de ángeles. Presbiterio de poco fondo, y a los pies, en el último tramo, apoyado en el muro de la portada, el coro. El templo es amplio de buenas proporciones; su arquitectura corresponde en parte al estilo jesuítico, que tan gran resonancia tiene en la región.

Una vez dada cima a las obras de fábrica de la iglesia comienzan a labrar los retablos de la capilla mayor y colaterales. Son de idéntico estilo, hecho bajo una misma dirección. Desde luego los colaterales acusan la mano de un solo artista, Alonso Manzano.

La Procesión del Jueves de la Cena

Antiguamente del convento franciscano en la tarde del Jueves de la Cena, partía la solemne procesión de disciplina, formada por unos seiscientos cincuenta hermanos de luz, vestidos con túnica de bocací negro, antorchas de cuatro pábilos, más otros mil quinientos hermanos de sangre que durante la procesión remedaban devotamente, santamente, el doloroso trance de la flagelación, pasando y repasando por el torso desnudo unas cuerdas de gruesos nudos hasta hacerle brotar sangre.

El donoso escritor portugués Phinheiro de Veiga "vio alguno llevar trozos de sangre coagulada de más de libra". Ante tan cruenta penitencia no es nada extraño que los estatutos de la cofradía recomienden a sus alcaldes y mayordomos que al retorno "tengan gran cuidado de tener en el dicho Monasterio de Nuestro Padre Señor San Francisco, aparejado lavatorio para curar y lavar las llagas..." En los claros iran los "pasos", grupos escultóricos, que revivían con perfil humano, los episodios divinos:

La Oración del Huerto, El Azotamiento, Ecce-Horno, El Descendimiento, todos tallados con sencillez expresiva e infinita devoción, por las gubias de Gregorio Fernández y sus discípulos. Presidiendo el cortejo la Virgen llena de dolor, sentada al pie del leño santo. Todos los años, en la noche del Jueves Santo, la Virgencita de la Cruz se acerca al pueblo, nimbada con la excelsa diadema del dolor; dolor que pone en los labios sentida plegaria y en lo intimo del alma infinitos anhelos de eterna luz...

Las Fiestas de la Santa Cruz

Si la cofradía penitencial de las Angustias celebraba con extraordinaria pompa su fiesta de la Alegría, venía a renglón seguido la de la Vera Cruz, y en noble emulación organizaba otra con mayores alicientes. Tenía medios sobrados para hacerlo: sumas crecidas en sus arcas y mayordomos con gusto y rumbo para dar desusada solemnidad. El año de 1650, servia el cargo de hermano mayor, Juan Cortés, platero, y según rezan viejos papeles, el artista dióse buena maña para organizar los regocijos que habían de servir como marco y guarnición a la solemne función religiosa.

Si los preparativos de la víspera dan la medida exacta de la calidad del Santo, por el aparato y ruido con que era anunciada, no cabía la menor duda que se trataba de uno de los de primera categoría. Desde las primeras horas, ocho danzantes de la aldea de San Miguel, tierra de Portillo, ataviados con vistosas libreas, calzón corto, medias verdes listadas de rojo y zapatos nuevos, recorrían las principales ruas, haciendo mil reverencias y cabriolas al compás de las notas alegres de un tamboril aldeano. No faltaba en la comparsa, el mozalbete avispado que recitara con garbo algún romance escrito por un poeta de la ciudad.

Por la noche, era una maravilla ver la fachada del templo cubierta con numerosas luminarias: lamparitas de barro llenas de aceite colocadas con singular acierto siguiendo los principales ornatos. Todo el gran pórtico -severo y noble- trazado por Diego de Praves, discípulo de Herrera, parecía un ascua que hacíase gozar desde el Ochavo.

El día de la Cruz los regocijos llegaban a su máximo apogeo. Por la tarde, después de la procesión en la Piaza Mayor, vestida con las mejores galas, tenía lugar la corrida de toros y los fuegos de artificio. Una escritura de concierto nos da curiosos detalles del número, calidad y precio de las reses que habían de ser lidiadas en el improvisado circo. Nada menos y nada más que catorce toros de los mejores, de cinco a seis años y de quinientos reales por cabeza, que la cofradía había de pagar en buena moneda, una vez encerrados en el toril de la calle de Santiago.

En el centro de la plaza, levantó el ensamblador Alonso de Villota un templete de esbeltas columnas que servia a manera de trono a la figura del dios Faetón sentado en su carro de fuego. Para darle mayor apariencia de realidad, Manuel de Zamora, maestro de Ingenios de fuego y fabricante de pólvora, cubrió el templete y figuras con infinitas luces y truenos. "En el carro que a de fijar encima de la nube -declara el documento- a de poner seis jirandolas y quatro ruedas de ocho tiempos cada una. Yten en los caballos que an de tirar el dicho carro an de poner veinte y quatro alcancias doce en cada uno y treinta truenos. Yten en la figura de faetón que a de estar dentro de dicho carro a de poner treinta alcancias y doce truenos grandes. Yten cien truenos pequeños. Yten doce luces de trueno en el sol de la cabeza. Yten cada una de las dichas jirandolas a de tener veinte y quatro quetes".

Quemábase tan raro artificio a punto de cerrar la noche. En verdad debía de ser una de las más alegres vistas que se pudiera imaginar. En aquel momento la fábula tomaba apariencias de realidad, el dios Faetón, vestido como un emperador romano en su carro de fuego, marchaba velozmente dejando en el Cielo una estela de luz... Según el mito corintio, los puntitos luminosos de la Vía Láctea.

Las Andas de Plata del Lignun Crucis

Desde tiempo inmemorial, la cofradía tenia entre sus preseas más valiosas, un pedazo pequeño del Madero Santo, que en los cortejos procesionales, era llevado bajo palio en un sencillo viril. Estimando los Alcaldes y Diputados, no estar a tono con el alto valor de tan singular reliquia, reunidos en cabildo general, el 23 de marzo de 1661, acordaron encargar al artífice Pedro Cortés de la Cruz, la hechura de unas andas de plata, conforme a las condiciones que a continuación se copian:

Primeramente que yo el dicho Pedro Cortes me obligo de hacer unas andas de plata para la cruz que dicha cofradía tiene conforme a una traza que tengo dada las quales dichas andas an de llevar las piezas de plata siguientes:

Quatro chapas grandes para el llano del tablero sobre que carga la linterna que haziendolas todo lo posible de lixeras pesara cada chapa dos marcos. Mas seis frisos quatro para el tablero y dos para los banzos que pesaran cinco marcos. Mas doce cañones para los banzos a tres cada uno como esta en la traza que pesaran ocho marcos = los quales dichos veinte y un marcos de plata a ciento y quatro reales de vellon cada uno montan dos mil ciento y ochenta y quatro reales = de la hechura de dicho veinte y quatro marcos a treinta y seis reales marco montan setecientos y cinquenta y seis reales.

Las molduras de arriba y de abaxo del tablero y nudetes ojas y remates de toda la obra pesaran veinte y quatro marcos. Costara cada marco dorado de oro molido de hechura y metal a todo costa a clnquenta reales que todo montan - mil ducientos reales.

Todo lo referido monta a toda costa quatro mil ciento quarenta reales de vellón.

Y en la conformidad que va referida yo el dicho Pedro Cortes me obligo con mi persona bienes... de hazer dichas andas las cuales an de corresponder con la hechura de la cruz con dichos veinte y un marcos conforme a la traza que tengo dada y si llevare algun marco mas se me a de pagar plata y no la hechura y si llevare uno menos se le a de baxar de su valor de quatro mil reales que es el precio en que me obligo a hacerlas a toda costa... y an de pesar dichas andas veinte marcos la qual tengo de dar acabada en toda perfecion para el dia de San Phelipe y Santiago proximo que viene deste presente año de mil seiscientos sesenta y uno y que pueda salir dichas andas en la procesión de. la Santa Cruz de Mayo, a vista de personas que lo entiendan para que declaren de baxo juramento si estan acabadas conforme a la dicha traza y si no las diere acabadas dichas andas para el dia que va referido consiento se me baxe del valor de dichos quatro mil reales cient ducados." Después de la fórmula de ritual firman los otorgantes juntamente con los testigos y el escribano.

Con exactitud debieron ser cumplidas las condiciones estipuladas en la escritura de concierto, cuando el día tres de mayo, fiesta de la Invención de la Cruz, del mismo año, salía por vez primera presidiendo el cortejo procesional.

Sobre las andas de plata apoyábase un templete de planta poligonal con graciosos arbotantes, que servían a manera de dosel a un grupo de Adán y Eva en torno al árbol del Paraíso en el momento de la caída. El artífice intentó copiar la misma escena de la custodia procesional de la Catedral, cincelada por Juan de Arfe. Sobre el primer cuerpo elévase una gran cruz de bronce guarnecida de cristales y finos ornatos en plata, en cuyo centro ostenta en un óvalo cristalino el inestimable tesoro del "Lignum Crucis". Las andas, tal vez por estar fabricadas en metal precioso, desaparecieron en los días aciagos de la dominación francesa. Se salvó milagrosamente la cruz relicario, que en la actualidad recibe culto, en la hornacina central de un retablo barroco.

Una fecha luctuosa

En los Libros de Acuerdos del Cabildo, va registrada una fecha luctuosa: el incendio ocurrido el 24 de abril de 1806. El templo sufrió grandes desperfectos, con la sala de cabildos, y casas inmediatas. Por un verdadero milagro, no recibieron el menor deterioro las magnificas imágenes procesionales, que durante las obras de restauración, encontraron asilo en la iglesia conventual de San Francisco.

Casi la totalidad de los fondos del archivo, quedaron reducidos a cenizas; entre ellos la serie de Bulas expedidas por Su Santidad Paulo III, en los años 1535 y siguientes, concediendo numerosas gracias e indulgencias, ítem más cuantos privilegios y jubileos tenía el Cabildo y Canónigos de la Basílica romana de San Juan de Letrán. Bulas escritas en pergamino, con su sello de plomo pendiente en cordones de seda, de las cuales queda como único recuerdo, la breve referencia en el cuadro o tabla, que se expone en el cancel de la puerta principal.

Tan solo custodia su archivo unos libros de Acuerdos y Cuentas del siglo XVIII, juntamente con el cuaderno de la santa Regla, aprobada y confirmada por la autoridad eclesiástica el 17 de mayo de 1739. Cuaderno de singular interés, forrado en terciopelo verde. Faltan los broches y adornos de metal. Consta de veinticinco folios en vitela, con tres de pergamino de la primitiva Regla, que sin duda tuvieron cuidado en conservar, por las tres finísimas miniaturas que ostentan, encuadradas en primorosa orla con motivos renacentistas. La primera representa la Cruz desnuda; en la siguiente Cristo en la cruz con la Virgen y el Discípulo Amado y en la tercera el emperador Constantino. Bellas miniaturas, que acusan un foco de artistas en Valladolid, totalmente desconocidos. Después de un breve preámbulo, vienen dieciocho capítulos regulando las obligaciones de cuantas personas desempeñaban cargos en la cofradía.

Triduo de la Invención de la Santa Cruz

Cada año los días 1,2 y 3 de mayo la Cofradía celebra el Solemne Triduo en Honor de la Invención de la Santa Cruz. El tercer día del tríduo además se celebra la procesión por las calles de Valladolid con la Sagrada Reliquia portada a hombros de los Cofrades.

El día 3 se celebra también un Vía Lucis antes del comienzo de la Eucaristía del tríduo. Al finalizar la procesión se procede a adorar a la Sagrada Reliquia. Durante la Procesión el Grupo de Coros y Danzas Zagalejo baila los tradicionales paloteos en honor de la Cruz.

Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz

La Cofradía celebra cada año el 14 de septiembre la Festividad de la Exaltación de la Santa Cruz con el Ejercicio del Vía Crucis, Solemne Eucaristía y Adoración de la Sagrada Reliquia.

(Fuente: página web de la cofradía)