Vera Cruz La Campana escudo hermandadHermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera Cruz
Sede: Parroquia de Santa María la Blanca
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Se desconoce con exactitud el origen de la actual Hermandad de la Vera Cruz de La Campana. La carencia de documentos antiguos en su archivo no permite fijarlo con exactitud, si bien su origen puede situarse a finales del siglo XVI, o como muy tarde, en los primeros años del XVII.

El historiador y crítico de arte Juan Agustín Ceán Bermúdez llegó a consultar a finales del siglo XVIII en el Archivo Parroquial un libro, hoy desaparecido, con varias Reglas y Capítulos de la Cofradía del Santo Cristo de la Vera Cruz. En él se daba buena cuenta de cómo fue la llegada de la escultura del Cristo que sigue siendo hoy la misma a La Campana: “en el año 1616 siendo prioste de la cofradía de la Santa Vera-Cruz Marcos de Ana, y alcaldes de ella Bartolomé González Florindo y Francisco López Ximón, y escribano de dicha cofradía Lorenzo Verdugo, partió de esta Villa de La Campana García Fernández Florindo, mayordomo de la fábrica de la iglesia mayor de ella, en compañía de otros doce hombres, á la ciudad de Sevilla á traer el santo Cristo, que la hechura de él se compró en la dicha ciudad, y costo ciento y diez ducados, que se le dieron a Juan Gomez, clérigo presbítero, entallador y vecino de la dicha ciudad de Sevilla, y se trajo en hombros de los dichos doce hombres, caminando de noche y de día, y lo pusieron martes a media noche en la ermita de S. Sebastián, que fue a 22 de marzo, de donde se llevó á la iglesia mayor en solemne procesión para ponerlo en su altar situado para él. Todo sea á gloria y honra de Dios nuestro Señor y de su bendita madre”.

Del año 1709 se encuentra otra referencia documental de la Hermandad, concretamente cuando el Visitador del Arzobispado da cuenta de que “la Hermandad se compone de limosna de trigo y de entrada de hermanos que consumen en su procesión del Viernes Santo, fiesta de la Santa Cruz, fiesta el día de la Resurrección, gasto de cera y misas por los hermanos difuntos”. En esa fecha también radicaban en La Campana las Hermandades de Ánimas, Sacramental, Dulce Nombre de Jesús, Jesús Nazareno y de la Virgen del Rosario. Las tres de Penitencia salían el mismo día, el Viernes Santo. Pocos datos más aporta la Visita de 1715, año en el que se registran las mismas Hermandades, todas ellas en la Parroquia.

Escasas noticias nuevas se conocen de la vida de la hermandad hasta bien entrado el siglo XIX, salvo su relación con el gremio de los labradores. A instancias del Jefe Político de la Provincia de Sevilla, y con un fin último claramente puesto en el conocimiento más o menos exacto del patrimonio de las Hermandades y Cofradías del Arzobispado, siempre todo ello visto en el prisma del agitado mundo de la política decimonónica de la desamortización, se va a elaborar por el Gobernador del Arzobispado entre 1842 y 1843 una lista de todas las Corporaciones, tanto penitenciales como letíficas, dependientes de la diócesis hispalense, que se hace mediante una encuesta unitaria dirigida a vicarios y párrocos.

En el caso de La Campana la contestación al cuestionario firmada por el presbítero Francisco González Martín el 28 de marzo de 1842 y dirigida por carta al Secretario del Excmo. y Emmo. Sr Cardenal no puede ser más clara ni tampoco más explícita:

En esta Iglesia hay tres congregaciones o asociaciones de fieles a las que se les da el nombre de cofradías por sacar en procesión en la Semana Santa las efigies de sus respectivas advocaciones, y se le denominan de la Santa Vera Cruz, de Jesús Nazareno y del Santo entierro, y todas carecen de estatutos y constituciones aunque de tiempo inmemorial se hallan erigidas y formadas; los hermanos no tienen más Cabildos ni Sermones que los que anteceden a las determinadas fiestas que cada una celebra al año y que costean con las limosnas sueltas que recogen en todo el año.

Yo las considero útiles en razón a que sin ellas no se dan a Dios el Culto que se le tributa, no sólo en Semana Santa, sino en las demás fiestas y misterios que la iglesia celebra en el año, y de este mismo parecer ha sido el Ayuntamiento y así lo ha manifestado al Jefe superior Político, quien en su visita determinó que continuasen celebrando sus fiestas y procesiones como se ha verificado en el presente año con más solemnidad y devoción que otras veces.
En esta atención soy del parecer que todas deben continuar y así lo piensa el general del vecindario, quizás sin ninguna excepción, quien tendría un grande pesar y descontento si llegaran a suprimirse.

Yo creo que si por carecer de estatutos se hallan en más peligro de suprimirse se hallan los hermanos dispuestos a formarlos y someterlos a la aprobación superior y hacer cuanto sea necesario para evitar que se supriman y todo el pueblo contribuiría a ello gustosos para que no falten esos momentos religiosos que al nacer se encontraron en su Iglesia”.

Poco tiempo más tarde el mismo sacerdote reitera la falta de regulación legal: “habiendo procurado sus respectivos estatutos y constituciones de cada una de ellas me respondido que no tienen ni recuerdan haber tenido nunca”.

En 1843 la Hermandad de Vera Cruz aparece en la lista provincial de las Cofradías que no tenían aprobación Real. Años después (1848 y 1852) la situación era la misma a pesar de los reiterados llamamientos de los sacerdotes diocesanos.

Según testimonios orales recogidos en la localidad a finales del siglo XIX y principios del XX la Hermandad de Vera Cruz estuvo fusionada con la Sacramental. Desde 1912 hasta hace pocos años la corporación ha estado vinculada a la familia Benjumea.

Ya en pleno siglo XXI, siendo Arzobispo de Sevilla el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Juan José Asenjo Pelegrina, se inicia un proceso para regularizar a todas las hermandades de la localidad, que al igual que la de la Vera Cruz, se encontraban sin reglas, conocidas aunque venían funcionando con naturalidad (la Vera Cruz celebra todos los años sus cultos solemnes en Cuaresma: tridio y función, estación de penitencia con nazarenos, etc., e incluso aparecía en la guía diocesana publicada por el propio arzobispado) y se nombra una Junta Rectora presidida por el párroco de la localidad, que aprueba un proyecto de Reglas pendiente de que sea sancionado por la autoridad eclesiástica.

En el año 2016 conmemoró el IV centenario de la llegada de la venerada imagen del Santísimo Cristo de la Vera Cruz a La Campana, con cultos solemnes y procesión extraordinaria en el mes de septiembre.

Y es en mayo de 2017, con cuatro siglos de historia a sus espaldas, cuando la hermandad recibe la esperada noticia desde Palacio en la que se le comunica su reconocimiento como hermandad mediante el correspondiente decreto de erección canónica.

El escudo de la Corporación está compuesto por una cruz atravesada por dos antorchas y una corona de espinas en la base del madero.

La nómina de hermanos ha experimentado en los últimos años un espectacular aumento pasando de poco más de cincuenta hermanos a casi cuatrocientos, de los que unos 180 participan en la Estación de Penitencia del Jueves Santo.

Los nazarenos visten túnica blanca con capirote, capa, botonadura y fajín de raso verde.

La Parroquia de Santa María la Blanca

La Hermandad tiene su sede canónica en la Parroquia de Santa María la Blanca, edificio de ladrillo revocado con planta de cruz latina inscrita en un rectángulo, con sacristía tras la cabecera. La obra se inició a finales del siglo XVI y continuó su construcción durante la primera mitad del XVII, según las trazas del arquitecto Vermondo Resta que se conservan en el Archivo Municipal de La Campana.

En un principio sólo se concibió y levantó con una sola nave, crucero y presbiterio. En la segunda mitad del siglo XVIII fue ampliada por las sucesivas intervenciones de Pedro de Silva y Antonio de Figueroa, que trabajó bastante por esos años en la Campiña sevillana. Se le añadieron entonces dos naves laterales, amén del primer cuerpo de la fachada principal.

Hoy se nos presenta el templo con tres naves, la central se alza sobre pilares con pilastras adosadas sobre las que cabalgan arcos de medio punto y se cubre con bóveda de medio cañón con lunetos y fajones. El crucero y el presbiterio tienen bóveda de medio cañón simple, mientras que las cuatro esquinas adyacentes a los brazos del crucero se cubren con medias naranjas de diferente decoración. Las naves laterales se abovedan con medios cañones con lunetos perpendiculares a la nave central.

El Cristo de la Vera Cruz preside la capilla Sacramental de la parroquia, un interesante espacio barroco levantado hacia 1760 en el testero de la nave del Evangelio. Presenta una planta cuadrangular y está cubierto por una cúpula con linterna que descansa sobre pechinas. Tanto estas pechinas como el intradós de la bóveda están profusamente decoradas con yeserías barrocas con cabezas de querubines y tarjas de motivos vegetales. Todo el espacio lo cierra una verja con las inscripciones “JOSÉ DÍAZ” y “AÑO DE 1880”.

La capilla tiene dos retablos, ambos neoclásicos, uno lateral antaño dedicado a San Nicolás de Tolentino (patrono del Concejo) y más tarde a San Ginés y hoy presidido por la Virgen de las Angustias, titular de la Hermandad del Santo Entirro, y otro central en cuya hornacina se venera al Cristo de la Vera Cruz. Este es de madera imitando jaspe con las dos columnas centrales pintadas en blanco y consta de banco, un cuerpo con tres calles y ático. Sobre la puerta del Sagrario hay un lienzo de la Dolorosa, y en las calles laterales las imágenes de San Juan Evangelista y Santa María Magdalena, todo de la época del altar. Completan el conjunto de la capilla una vidriera moderna que presenta el tema de la Virgen con el Niño y dos ángeles lampareros dieciochescos que portan otras tantas lámparas de plata punzonadas por el orfebres Gargallo y el contraste hispalense García con la inscripción “De la hermandad de la Vera Cruz. Costeada por el gremio de labradores y de dicha hermandad. Año de 1792”.

Imagen del Cristo de la Vera Cruz

La talla del Santísimo Cristo de la Vera Cruz es obra del clérigo y escultor Juan Gómez. La Hermandad solamente conoce de este artista las escasas referencias que del mismo dan Ceán Bermúdez y el viajero Ponz: residía en Sevilla a principios del siglo XVII, posiblemente fuera discípulo de Juan Martínez Montañés y que quizás tallara además del Cristo de La Campana un Nazareno para la Prioral del Puerto de Santa María. 

La imagen del Cristo de la Vera Cruz de La Campana es un Crucifijo muy montañesino, muerto y con tres clavos, mucho menos barroco y dramático que los de Juan de Mesa, aunque más correcto de proporciones y bellamente modelado. Entronca con la obra de Montañés, pero avanza a un naturalismo más intenso, sobre todo en la forma de tratar el sudario de complicados pliegues. Del maestro toma los rasgos faciales, en especial la dulzura del rostro, del que sólo emana tranquilidad, y los rasgos peculiares de la barba bífida y de la talla del pelo. Tiene un canon alargado y una marcada composición triangular por la rigidez de sus brazos.

El sudario se estructura en tres bloques: uno central muy reducido y dos laterales que se contrapesan y está recorrido por una cuerda. La policromía es bastante clara y está surcada por breves hilillos de sangre, solamente alterados por la abundante sangre que brota de la llaga del costado. La imagen posee un juego dieciochesco de potencias de plata ahora doradas con motivos de rocalla y una antigua cartela ovalada del mismo metal con la inscripción INRI.

La Estación de Penitencia

Hasta hace pocos años el Cristo era portado por ocho hermanos en unas sencillas andas sobre las que se colocaba una interesante peana dorada con las tallas seiscentistas de los cuatro Evangelistas y ocho ángeles. El actual paso de salida (1990-1996) es obra del tallista sevillano Manuel Caballero. Está realizado en cedro y caoba y presenta los respiraderos de líneas rectas con capillas y un canasto que combina talla de motivos vegetales y unas hornacinas con las imágenes de los Evangelistas cornadas por parejas de ángeles, todo ello reutilizado de la antigua peana. El paso lleva candelabros con guardabrisas, faldones de terciopelo verde y es llevado por 24 costaleros.

El cortejo procesional se abre con la Cruz de Guía, obra de Manuel Caballero. Entre filas de nazarenos con hábito verde y blanco, tan característico en las hermandades y cofradías de la Vera Cruz, la Bandera y la Cruz Parroquial separan los tramos de penitentes.

Delante del paso va la Cruz de la Hermandad, flanqueada por los ciriales, todo ello de metal plateado labrado por el orfebre Manuel de los Ríos. La Junta de Gobierno lleva seis varas del mismo orfebre y una decimonónica donada a fines del siglo pasado por un albacea de Hermandad, según reza la inscripción grabada en la propia vara.

[Texto (revisado) e imágenes aportadas por la Hermandad]