Vera Cruz Olivares escudoAntigua y Primitiva Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Vera-Cruz, Preciosa Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna, Santísimo Cristo de la Salud, Nuestra Señora de la Antigua, Santa Ángela de la Cruz y San Juan Evangelista
Sede: Capilla de la Santa Vera-Cruz. (Roelas, 1. 41804 Olivares)
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Historia

Hay que remontarse a la primera mitad del siglo XVI para situar la aparición de la Hermandad de la Santa Vera-Cruz de Olivares, que estuvo muy vinculada, desde el principio, a la fundación del propio pueblo por el primer Conde de Olivares, don Pedro de Guzmán y Zúñiga, que no era nacido en Sevilla pero era sevillano de derecho, ya que aquí vivió durante mucho tiempo. Fue alcaide de los Reales Alcázares y Atarazanas, y a este pueblo, capital de su Condado, trajo el Noble, uniéndolas, las tradiciones religiosas más arraigadas en todo el Reino de Sevilla en aquella época: la devoción a la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Antigua y la fundación de la Hermandad de la Santa Vera-Cruz a la que perteneció.

La primera sede de la Hermandad fue la Iglesia de Santa María del Álamo, y tomó el nombre de “Cofradía de la Santa Vera-Cruz y Preciosa Sangre de Jesucristo”. La Bula que el Papa Paulo III concedió en 1536 a todas las Cofradías existentes bajo la advocación de la Vera-Cruz, tuvo gran importancia porque se concedían trascendentales gracias e indulgencias a todas las personas, hombres y mujeres, que asistían con luz o penitencia acompañando al Crucifijo en la procesión.

Las primeras Reglas de la Hermandad de la Santa Vera-Cruz de Olivares datan del año de su fundación, 1552, y se ampliaron en 1596. La Cofradía realizaba la Estación de Penitencia en la noche del Jueves Santo en honor de las Cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo en torno a sendas cruces de hierro forjado que aún permanecen en las entradas del pueblo.

La Hermandad, según se desprende de sus antiguas Reglas, penitenciaba de la siguiente forma:

Abría el cortejo el Mayordomo, oficial de la Cofradía, quien portaba una insignia con una cruz roja, e iba acompañado por cuatro hermanos con túnicas negras portando hachones de brasero alto que se encendían para alumbrar con llamas.

Le seguían dos filas paralelas de “Hermanos de Sangre” o penitentes con sus disciplinas. Entre los Hermanos de Sangre, cada cuatro, cinco o seis, iba un “Hermano de Luz”, lo que entenderíamos hoy por un nazareno con cirio.

Al final de la procesión, aparecía un gran “Crucifijo grande”, que no podía ser llevado por un lego sino portado por un eclesiástico, acompañado por clérigos y cuatro hermanos con hachones y túnicas negras. Detrás del Crucifijo, procesionaban los devotos.

Ya entonces la procesión llevaba música de cantores, “los mejores que haya en el pueblo o se hallaren; y además vaya una trompeta que vaya tocando de dolor”. Y existían los diputados de tramo: “y para ponerlos en orden, y esforzar a los Hermanos, vayan cuatro Cofrades, los que los Mayordomos gusten, y eligieren, para gobernar y regir la Procesión, con sus banderas y bastones verdes en las manos con sus túnicas como los que van alumbrando”.

En 1560, ocho años más tarde de su fundación, en un terreno donado por la esposa de don Pedro, doña Francisca de Ribera, próximo a la Iglesia de Santa María del Álamo, la Cofradía construyó un pequeño Hospital que puso bajo la advocación de Nuestra Señora de la Antigua y allí, a partir de entonces, se estableció definitivamente la Capilla de la Hermandad.

El siglo XVII constituyó una época de gran esplendor para la Cofradía, sobre todo en su primera mitad. Una fecha crucial fue 1623, año en que el Papa Urbano VIII concede a don Gaspar de Guzmán, hijo de don Enrique de Guzmán, segundo Conde de Olivares, y de doña María de Pimentel y Fonseca, conocido como el Conde-Duque de Olivares y célebre valido de Felipe IV, una bula para que la Capilla de las Nieves, fundada por su padre sobre la antigua Iglesia de Santa María del Álamo, obtuviera el rango de Colegiata. Este hecho trajo consigo la llegada de altos cargos eclesiásticos (abad, canónigos, chantres, racioneros, capellanes…) que pasaron a formar parte de la Cofradía, con el consiguiente auge de la misma, reflejado en la abundancia y solemnidad de sus cultos.

Asimismo, la Virgen de la Antigua recibió el honor de acompañar al Santísimo Sacramento el Domingo de Resurrección y de procesionar en la fiesta del Corpus Christi. Además, saldría el 3 de mayo para conmemorar la fiesta de la Santa Cruz y en otros acontecimientos religiosos de la villa. Tanto en la fiesta del Corpus como en la de la Santa Cruz, la Virgen de la Antigua aparecía siempre portando la imagen del Niño en sus brazos.

Las décadas finales del siglo se caracterizaron por una crisis general en España que también afectó a la Hermandad. Durante la década de los setenta, tanto el edificio del hospital como su Capilla se arruinaron y las imágenes hubieron de ser trasladadas temporalmente, por primera vez, durante algunos años, a la Colegiata.

Sin embargo, en el año 1691 un devoto y generoso matrimonio, formado por Juan Mancebo y Francisca Segura, sin hijos ni herederos, se comprometió a financiar la restauración de los bienes de la Hermandad, que ya ésta había iniciado doce años antes, pero no concluida por falta de medios económicos. Así, adquirieron el derecho de Patronos de la Hermandad, quedando finalizadas las obras hacia 1694.

En el siglo XVIII, con un progresivo ascenso en el número de hermanos, volvió a recuperar su esplendor la Hermandad. Un hecho curioso y trascendental se produjo a principios de la centuria, cuando un grupo de hermanos de la Santa Vera-Cruz funda una nueva Cofradía, la de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad, con Reglas aprobadas en 1712, por lo que en Olivares aparece, haciendo el mismo recorrido penitencial el Viernes Santo, casi dos siglos después de fundada la Hermandad de la Santa Vera-Cruz, la Hermandad de la Soledad.

La población creció con el desarrollo de los siglos de la Edad Moderna de una manera espectacular. Ante estas perspectivas sociales parecía necesario que la Cofradía de la Vera Cruz se percibiera como insuficiente para las pretensiones religiosas de esta población que exigiría nuevas, y más actuales, propuestas religioso-culturales lo que partiría no solo de gran parte de la población clerical de la Iglesia Colegial, sino también de los miembros de la Hermandad de la Vera Cruz.

Destaca el asunto jurídico de 1766 que obligó a la Hermandad a reclamar sus derechos de propiedad sobre el hospital y la Capilla, cuyo reconocimiento no le llegaría hasta el año 1769. No fue esta la primera vez que la Hermandad se vio envuelta en un pleito de este tipo. Años más tarde, una nueva amenaza de ruina del edificio obligó a trasladar, por segunda vez, las imágenes a la Colegiata, aunque volvieron a su sede en 1774. En ese mismo año fue elegido Primer Alcalde don Andrés Riquelme y Ponce de León, residente en el pueblo y de aristocrática familia sevillana, a cuyo celo debió la Cofradía importantes reformas y acrecimiento espiritual.

Fue aproximadamente en esas fechas cuando la Hermandad adquirió una nueva imagen del Crucificado a tamaño natural, por ser el antiguo de pequeñas dimensiones, al que se le denominó Cristo de la Salud, por aquello de ser la Hermandad titular de un hospital.

Por último, no hay que dejar de citar la Real Cédula otorgada por Carlos III en 1783. En ella, de acuerdo con el espíritu ilustrado e innovador de la época, se ordena que en todo tipo de corporaciones (ayuntamientos, cofradías, congregaciones, etc.) se permita que todos los miembros, incluso los más humildes, puedan acceder democráticamente a los cargos de gobierno, algo que hasta entonces no había sido posible, por los privilegios ostentados por las clases altas. Las consecuencias de dicho mandato también se manifiestaron, a partir de entonces, en las elecciones a la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Vera-Cruz de Olivares.

Al llegar el siglo XIX, puede decirse que la Hermandad sufrió la época más amarga de su existencia. Los recursos económicos habían descendido y a ello se añadió la invasión francesa en los primeros años, tan famosa en expolios y destrucciones. En 1816 se produjo el tercer traslado de las imágenes a la Colegiata, por la ruina total de su Capilla. En esta ocasión residieron allí hasta 1840, fecha en la que volvieron de nuevo a su sede tras la reedificación de la misma. La desamortización de Mendizábal también trajo consecuencias para la Hermandad, al incautarse el Estado de los bienes de la Iglesia, trasladándose la Escuela al edificio de la hermandad para librarlo de la enajenación.

Parece ser que a mediados de este siglo fue cuando la Hermandad adquirió una nueva imagen de Nuestra Señora de la Antigua que sustituyó a la primitiva, vinculándose con la obra del escultor sevillano Gabriel de Astorga.

Así que, en esas fechas, la Capilla de la Vera-Cruz sirvió para atender a ambas necesidades: el culto de la Hermandad y la Escuela, lo que contribuyó a un nuevo deterioro de la misma.

En 1868, con revolución que terminaría con el reinado de Isabel II, la Hermandad sufrió el revés más importante y triste de su historia, al perder los derechos sobre sus propiedades inmuebles, la Capilla, el solar y edificio colindante, que fueron concedidos por la Junta Revolucionaria de Sevilla al Ayuntamiento de la villa, el cual las había solicitado con el fin de dedicarlas a la instrucción pública, es decir, a escuela de niñas.

Por este motivo y por cuarta vez, se produjo el peregrinaje del Cristo de la Salud y de la Virgen de la Antigua a la Colegiata de Olivares, convertida en Parroquia, expoliándose en este traslado bastantes enseres de la Hermandad. Fueron años de escasez y decadencia, hasta tal punto que la Virgen tuvo que procesionar en el paso prestado por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad. El Ayuntamiento, entretanto, terminó por abandonar la Capilla, “la cual queda en completa ruina y sus muros en alberca durante dos décadas”. En la Revista Sevilla Mariana, editada en 1881, en un artículo firmado por Manuel de Vargas y Fernández, se informa que las imágenes titulares se ubicaron en la Capilla de San Cristóbal de la extinta Colegiata.

La Capilla volvió a reconstruirse con la inestimable ayuda económica de doña Josefa Valcárcel Blonmach, tía abuela de Ana y de María Olivencia Pérez, y fue provista de valiosos retablos y otras dotaciones necesarias. Así, tras su bendición en 1895 por don Isaías Álvarez Barrera, cura párroco de Olivares, de nuevo vieron la luz los cruceros tras el definitivo retorno de las imágenes a su verdadera ubicación. Comenzaba así una nueva etapa para la Hermandad de la Santa Vera-Cruz.

Desde comienzos del siglo XX la Hermandad pasó por una época de clara decadencia. Aunque ésta tras la última reconstrucción de la Capilla en 1895 comenzaba una nueva etapa en su andadura habría que esperar aún algunas décadas para conocer el verdadero impulso que la hizo revivir tras la Guerra Civil.

A pesar de las circunstancias descritas, la Hermandad de la Santa Vera-Cruz aún daba muestras de su pervivencia, como atestiguan algunos acontecimientos dignos de mencionar en estos años. Entre ellos, la incorporación a la Hermandad de la imagen del Cristo atado a la Columna, proveniente de la Parroquia, y la enajenación en 1903 de la primitiva imagen de Nuestra Señora de la Antigua. No obstante, la Hermandad vivió en esos años pobremente, con problemas, celebrando sus cultos con modestia, pero con gran fervor y piedad.

En el año 1929, al terminar la dictadura de Primo de Rivera, a petición de la Mitra Hispalense, la Hermandad hizo cesión, de forma temporal, de su Capilla a las Hermanas de la Cruz para que la pudieran utilizar el numeroso grupo de alumnas que tenían en esas fechas y al ser la suya de reducidas dimensiones.

En esos años, a pesar de las circunstancias descritas, la Hermandad de la Vera-Cruz recobró algo el ánimo, gozando de cierto vigor material, apareciendo de nuevo la ilusión, debiéndose todo ello, especialmente, a las dotes personales del nuevo párroco, don Manuel Duarte Santos, que había llegado a Olivares con muchas ganas de trabajar. En resumen, durante el periodo 1932-1942, que engloba, como vemos, la Guerra Civil, la Hermandad atravesó por una etapa de abatimiento, de debilidad, celebrando sus cultos con modestia y sencillez.

Desde finales de la Guerra Civil española, un grupo de olivareños amantes de las tradiciones del pueblo y enamorados de su pasado, pensaron dar impulso a la institución religiosa más relevante de la localidad, la Hermandad de la Santa Vera-Cruz. Así las cosas, en los primeros días del año 1942 unos cuántos jóvenes hermanos, arropados por veteranos cruceros, manifestaron su intención de sacar la Cofradía el Jueves Santo. Lo consiguieron solamente con el paso de la Virgen de la Antigua, teniendo muchas dificultades, ya que los enseres con los que contaba la Hermandad se encontraban dispersos por varios lugares.

A partir de esta salida ilusionante de la Virgen, un grupo reducido de cofrades antiguos y gran número de nuevos simpatizantes con la idea, comenzaron los trabajos preliminares para la reorganización de la corporación. El primer objetivo era “documentarse suficientemente” sobre la Hermandad, tarea nada fácil, ya que todos los trabajos realizados para localizar las Reglas de la Hermandad resultaron infructuosos. El ambiente era propicio: apremiaban los simpatizantes, exigían los antiguos y, sobre todo, los nuevos “cruceros”, y había que dar respuesta a los nobles impulsos y entusiasmos generales.

No obstante, la Hermandad poseía vida canónica, a pesar del estado de languidez en que se desenvolvía, a tenor del Canon 102, por existir en aquellos tiempos hermanos o cofrades de la hermandad o cofradía. Aquel grupo, “fermento” de la empresa, recogió ese sentir tan extendido y se constituyó una Comisión Reorganizadora de acuerdo con la Junta de Gobierno de la Hermandad.

En 1944 la Hermandad comenzó un periodo de auge y solicitó erróneamente en el Arzobispado de Sevilla por el párroco don José Maestro de Vía la fundación de la Hermandad de la Vera-Cruz de Olivares, en lugar de haber solicitado la reorganización de la Hermandad que ya existía desde 1552. Este hecho trajo como consecuencia graves problemas entre las hermandades olivareñas. Una vez subsanada esta circunstancia jurídica con el fin de conservar la antigüedad de la Hermandad, se adoptó el mismo título de la Santa Vera-Cruz, que ostentaba la Corporación, al que se agregaron las advocaciones de las imágenes a las que venía rindiendo culto la Cofradía, quedando con el título definitivo de “Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Santa Vera-Cruz, Nuestro Padre Jesús atado a la Columna, Santísimo Cristo de la Salud y Nuestra Señora de la Antigua”.

La Comisión acordó la fecha del 17 de junio del mismo año de 1944 para el acto solemne de la reorganización de la Hermandad, y a las nueve de la noche del mentado día, ante las veneradas imágenes del Santísimo Cristo de la Salud y Nuestra Señora de la Antigua, colocadas en el altar mayor de la Iglesia Parroquial, se procedió a la lectura de las Reglas y, una vez escuchadas por los asistentes, fueron juradas. Terminado este primer acto de la Cofradía, se celebró en la Sala Capitular de la Parroquia el primer Cabildo General de Elecciones, eligiéndose la Junta de Gobierno de la Hermandad, que fue presidida por don Álvaro Alcaide de la Oliva. El 5 de Agosto de 1944 hizo la Hermandad su primera aparición pública, después de varios años, acompañando con su estandarte a la procesión de Nuestra Señora de las Nieves. 

De esta manera la Hermandad de la Santa Vera-Cruz de Olivares inició una etapa crucial y llena de ilusiones que nos han traído a los momentos actuales, culminándose éstos con la extraordinaria celebración del 450 Aniversario fundacional en el año 2002.

Imágenes Titulares

Santísimo Cristo de la Salud: El Santísimo Cristo de la Salud es un crucificado de tamaño natural de 1,79 metros de altura, realizado en madera de pino policromada al óleo, según han identificado los técnicos del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico tras la restauración efectuada en el año 2001. Con respecto al análisis estilístico de la obra, se observan una serie de características propias de las imágenes de estética manierista, como son el acusado alargamiento del torso, la ausencia de dramatismo y la serenidad en el tratamiento de la muerte que se aprecia sobre todo en el rostro, cuyas facciones no refleja en absoluto el dolor, pero sí tristeza. Esta inspirada y devota imagen no está pendiente de la Cruz; sobre ella posa dulcemente, los brazos extendidos y sus manos abiertas en actitud de misericordia y perdón.

Nuestro Padre Jesús atado a la Columna: Se incorporó a la Hermandad a principios del siglo XX, proveniente de la Parroquia. La imagen fue restaurada en el año 2009 y según los restauradores de la empresa “Proarte” don Víctor M. Pérez Asencio y doña Mª Luisa Ceniz Gómez, puede enmarcarse cronológicamente en el siglo XVIII, atribuyéndose a Pedro Duque Cornejo. Sin embargo, historiadores del arte como Romero Torres y Torrejón Díaz, en un estudio sobre las imágenes de Cristo atado a la Columna, hacen referencia a la imagen olivareña poniéndola en relación con la obra del escultor Francisco Antonio Ruiz Gijón debido a la columna de fuste alto y a los rasgos formales de la imagen.

Nuestra Señora de la Antigua: La actual imagen de Nuestra Señora de la Antigua sustituyó a la primitiva y fue adquirida en Sevilla alrededor de 1850. Algunos estudios comparativos atribuyen la imagen al escultor Gabriel de Astorga Miranda (1804-1895) ya que este mismo autor esculpió también en 1854 la magnífica imagen de la Inmaculada Concepción que se encuentra en la Parroquia de Olivares, y casi con toda seguridad el Niño Jesús de la Capilla de la Vera-Cruz. En 2007 la imagen fue restaurada por doña Cinta Rubio Faure, licenciada en Bellas Artes y restauradora del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.

Santa Ángela de la Cruz: Se trata de una talla encargada por la Hermandad al escultor Ricardo Rivera Vélez, realizada en madera de cedro policromada, la cual fue entregada el día 27 de abril de 2005. El crucifijo que porta Santa Ángela es fiel copia del Santísimo Cristo de la Salud y el rosario que lleva ha sido realizado y donado por las Hermanas de la Cruz de Umbrete.

San Juan Evangelista: La imagen de San Juan Evangelista es una talla de tamaño natural obra del escultor Antonio Bidón Villar (1888-1962) adquirida a la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla en 1944. Al incorporar la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla la nueva talla de Nuestra Señora de la Angustia, obra del escultor Juan de Astorga, consideró desprenderse de la escultura de San Juan Evangelista que poseía, que cedieron a nuestra Hermandad de la Vera-Cruz el día 11 de Septiembre de 1944, por la limosna de 1350 pesetas, con su túnica y manteleta de terciopelos, verde y rojo, respectivamente. Desde ese año, por motivo de la Reorganización, se incorpora como titular a nuestra Hermandad, acompañando en el Quinario al Cristo de la Salud y a la Virgen de la Antigua conformando un clásico calvario. Actualmente es la imagen a la que rinde culto el Grupo Joven de la Hermandad al ser patrón de la juventud.

(Texto elaborado a partir de información aportada por la hermandad. Galería de imágenes aportada por la hermandad.)